sábado, 9 de abril de 2011

Música y Literatura

Claro de Luna
(Poniendo letra a la Sonata de Beethoven)

La luna navega solitaria
en la inmensidad de un  cielo que se prodiga.
Hay una que otra estrella.
Las demás han dejado el lugar a la diva.

La mitad del mundo iluminada
por el fantasmagórico zumbido silencioso
en que se ha convertido la bóveda
que hoy mira el poeta enamorado.

El piano suena armonioso
deshojando las notas cristalinas y certeras
mientras la novia entreabre
el tul de su ventana casta y pecadora.

Algunos pétalos de azafrán, vuelan
en su búsqueda incansable
del amor oculto entre los pliegues de la moral
que atormenta a los amantes furtivos.

El piano es un cristal sonoro
tejiendo notas que, intensas llegan a la luna
en un crujir inaudible y etéreo
que explota en el cielo.

Sólo se oye la sagrada melodía,
mientras el amante obsesionado
trepa  en el aire y las sombras se alargan.
Y la luna ahí…siempre casta.


Estaciones

Febrero se recuesta ya
 en los brazos de marzo que llega
con su carga de amarillo insinuado
por detrás de las montañas.

Hay un dejo de nostalgia
en la cara de la gente,
y en el silencio de la noche
se oye un grito silenciado.

Cuántos grillos se callaron,
cuántas algarrobas maduraron,
cuántos amores terminaron,
apenas bosquejado el otoño.

Llegarán días blancos
y ateridos en el mundo,
llegarán las sombras
del invierno entumecido.

Mil golondrinas fugitivas
partirán por el mundo,
hacia algún lado o a ninguno,
 a perseguir la primavera.

Febrero se recuesta ya,
y en el centro del pecho anida
una voz secreta que susurra:
Arrorró mi niño, arrorró mi sol…
Arrorró pedazo de mi corazón…