lunes, 24 de octubre de 2011

Docencia... Gran labor argentina...

ALAS BLANCAS

A los docentes jubilados
En el silencio de una noche clara
una paloma cerró muy triste sus alas,
después de tanto y tanto desplegarlas
un tiempo de reposo al fin le aguarda.
Y sus ojos de cielo escondieron la mirada
es que se le había escapado una lágrima,
pero no es su dolor por una daga
sino por el adiós a su escuela tan amada.
Cobijó en tantos años cientos de almas
y en su caja de recuerdos aún resuenan gargantas
de bulliciosos pichones que pasaban y pasaban,
y fueron décadas colmadas de esperanzas,
y han sido acentos, figuras, palabras,
más nunca escrito con llamas
sino la verdad de su luz tan sabia.
Y en los amaneceres, al salir de su casa
llevando en la vena su fluidez de santa,
concretaba su obra con humildad y prestancia,
que no ha de quedar trunca pues la levantan
los hijos en quienes dejó su huella marcada.
Por eso no son las tinieblas, sino la pausa,
la que le llega a su docencia magna,
ni es hojarasca la que cae a sus plantas
sino los laureles del guerrero que descansa.
Tampoco es la estrella que fenece y se apaga
ni la puera que con furia el viento traba,
es la antorcha que sigue despejando la nada
y es el vuelo tan noble y tan firme del águila.
Y esta paloma nívea, en lo alto de la rama
gritó con ua mezcla de ternura y rabia:
¡¿Dónde están mis niños, mis tizas, mis mañanas,
dónde está mi patio, mi guardapolvo, mi aula?!
...Ya rumbo al nido, acariciando sus plumas gastadas,
con fuerte latido y cabeza gacha,
acomodó en un rincón su venerada túnica blanca
y oyó a lo lejos, lejos, un último suspiro de campana...

PEREA DORADO, María del Valle

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