sábado, 1 de octubre de 2011

Leyendas que perdurarán en el tiempo...

La Leyenda del Crespín:
Cuentan que un día estaban de farra las aves. Hacía de guardia el Cardenal, que ostentaba el grado de sargento.
La Calandria era soltera, y el Crespín la festejaba “le arrastraba el ala por un bajito”. El Incancho, que era soltero, también andaba interesado en la Calandria.
La Calandria estaba friendo empanadas, y dio la casualidad que los dos festejantes de ella, aparecieron juntos. El Incancho llegó con su ponchito sobre el brazo y era famoso por ser pendenciero.
Mientras tanto, se reunía mucha gente en casa de la Calandria, y mientras comían empanadas, las asentaban con unos vinitos. Luego, se armó el baile en grande y el vino ya circulaba más seguido. El Incancho andaba con sangre en el ojo y no le perdía la mirada al Crespín, a ver si la perseguía a la Calandria. Ya con bastantes vinos en la cabeza, lo ve al Crespín que se le acerca a la Calandria y, para qué, se le fue al humo él y lo encaró con cuchillo en mano. Después, ahí nomás le hicieron canchita y se armó la de barcinos. En las primeras de vuelta y cambio, el Incancho dio cuenta al Crespín y huyó. Le llevan de inmediato la noticia a la Crespina, que andaba divertida en otro baile, de la muerte de su marido y, sin darle mayor atención a la noticia, contesta:
_Hay tiempo para llorar.
Y siguió bailando como si nada hubiera pasado.

Sale el Cardenal a tomarlo preso al Incancho, y al poco andar ya lo prende y lo engrilla. Una vez que terminaron los bailes en el pueblo, la Crespina llega a la casa, lo encuentra muerto al Crespín y recién comenzó a lamentarse y a llorar desconsoladamente, gritando:
_¡Crespín, Crespín, Crespín!
Y hasta la fecha continúa lamentándose y llamando a su compañero. En cuanto al Incancho, se escapó de la prisión engrillado y sigue aún así.


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