lunes, 24 de octubre de 2011

Relatos, leyendas hechas realidad…

Las Tres Cruces:

Carapunco, paraje ubicado en la quebrada norte de Villa Vil, vivía la familia de don Leocadio Ríos, su conyugue Petrona Díaz, y una bebé de tres meses, convivían con doña Concepción Díaz, su hija Rufina, quienes eran suegra y cuñada del referente.
Este humilde jornalero se las arreglaba en tareas varias para suplir gastos de su prole. En épocas de la zafra, solía mudarse a la Provincia de Tucumán para pelar caña, sin antes requerirle a su pareja, que le acompañara para que le cocinara y le ayudara en otros tipos de labores, ella se negaba a seguirlo.
Don Leocadio, en un momento dado regresa a su residencia, cuando pretende retornar a su trabajo, insiste por su compañía, la señora reitera su negativa. El hombre, ofendido en su amor propio, se enfurece y reacciona violentamente, las mujeres al ver transfigurado al marido, salen corriendo hacia el monte para esconderse en la sombra de la noche, su esposa Petrona acarrea a su nenita en brazos. El conyugue totalmente descontrolado, saca el revólver y las persigue, por el mismo lugar que tomaron. Se especula que las alcanzó y por el espectro de los bultos dispara varios balazos los que hacen impacto en el cuerpo de las damas que caen mortalmente. La guagüita de milagro sale ilesa, amaneciendo en el pecho de su madre, Rufina se guareció en el corral de las cabras.
El homicida al consumir la tragedia, se suicida pegándose en tiro en la cabeza.
Los cadáveres fueron sepultados en fosas que cavaron, en los mismos lugares que habían perecido, colocándoseles cruces de madera con el nombre de cada uno de ellos.
¡Eh ahí, el origen de las Tres Cruces!

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