lunes, 14 de noviembre de 2011

Relatos que son reales y que podemos vivirlos...

El Saludo del Campo:

Los hermanos José y Pancho Marcial, se dedican a la cría de animales caprinos y de vacunos, el puesto se halla ubicado entre medio de los ríos Ingamana y de Choya, a una distancia de dos kilómetros, de la ruta Nº 46 que va a Belén.
Estos pastores refieren que: Todas las mañanitas al liberar las cabras para que pastoreen, se siente zumbar en el aire un grito intenso de un extremo a otro de la llanura, los gajos de los arboles frotan, como reverenciando al condescendiente. Los rayos del sol se escurren por entre las frondas, esbozando matices fenomenales. La luz iluminaba las inmensidades, y una brisa mece, emanando un aroma selvático.
Pancho alude: Me fui a Huaco en busca de mercadería, José se quedó al cuidado del puesto. Yo había tomado unos pateritos, regresé medio chamuscado, tomé un té de yuyo y me acosté, a las cinco de la tarde me levanté, mientras José traía los caballos, yo preparaba agua caliente para que tomáramos unos mates en bombilla, montamos los sotretas y arrancamos a tranco lento rumbo a pugnar con los barbudos. La tarde se entumecía, el cusquito agrupaba a los chivos que se separaban de la tropilla, de las atropelladas se elevaba la tierra blanda, proporcionando polvareda.
Mientras las arriábamos, escuchábamos sonoros silbidos en la atmosfera, arribamos al corral, las encerramos y aseguramos la puerta.
Desensillamos los fletes, le dimos agua, los sogueamos y le tiramos una gavilla de pasto.
Al clarear del nuevo día, nos levantamos, paladeamos unos amortiguados, largamos la majada y mirábamos hasta que se perdían en unos tuscanales, mientras tanto, fumábamos un cigarrillo.
De pronto surge en el espacio, un grito ilimitado, y es como si se arrojara al suelo ondulado y aireado a los pastizales.
Los campesinos establecen que es el inmensurable saludo del campo, y que se manifiesta todas las mañanitas a despuntar el sol.
Protocolo que brinda a sus huéspedes, el monte.


Los Novios Remolinos:

Doña Cecilia Vilca describe: Vivo en huaco, enfrente de la Iglesia de San Isidro Labrador.
Lo que hoy a contar sucedió en el mes de diciembre del 2005, eran las once de la mañana del día 24, víspera de Navidad, yo andaba preparando los ingredientes, verduras y carne, para comenzar a cocinar. Reinaba una placida calma, tal era así, que no se movía ni un pétalo, de improviso comenzó a soplar una brisa muy suave, levanté la vista y veo un remolino que se asomaba del sur despaciosamente, no sé por qué, me quedé mirándolo. Su tirabuzón elevaba muy poquita tierra, lo sorprendente del caso, reproducía patentemente la figura de un jovencito muy galante, su deslizamiento era tan dócil que a las plantas las sobrepasaba sin desestabilizarlas. Lo que me causó extrañeza de que no levantara maleza y hojarasca del suelo, otros revueltos circulaban con tanta intensidad que alzaban todo lo que encuentra a su paso por la calle de atrás circulaba hasta arrimarse a la fachada de la puerta principal del templo, se detuvo unos segundos, dando la sensación de esperar a alguien, a los instantes, de la parte norte aparece uno similar, con semejanzas femeninas, como de una hermosa niña, dando la impresión de poseer largos y rubios cabello que ondeaban airosamente al compás de un mecimiento cadencioso. Al encontrarse emitieron un sonido, como si se hubieran dado un beso. Se unieron y partieron raudamente hacia la zona del campo.


La Ciudad Perdida:
Se rumorea desde tiempos remotos que: A unos veinte kilómetros en el desierto de Alpasinche, distrito de Aimogasta (La Rioja), haya subsistido un poblado feudalico de dominio monárquico. Traficantes que recorrían esas rutas descubrieron unas construcciones desbastadas y vestigios de huesos humanos diseminados.
Posiblemente en periodos de dominio español se reprodujeron arquitecticas esculturales renacentistas. Al quedar abandonada, las erosiones de arena y de otros factores, sepultaron la urbe, actualmente se la conoce como “La Ciudad Perdida”. Los comarcanos sostienen la teoría, de que aquí, permaneció el Inca amerindio (quichua), originario del Lago Titicaca (Perú) denominación que se daba a los soberanos que los gobernaba.
En la época prehispánica se constituyeron en diferentes lugares, importantes imperios. Este, tal vez, haya sido imitación de un señorío colonial. Hoy un arenal ardiente y un desierto desolador, solo hay árboles y otras plantas autóctonas, creyéndose también, que podría ser unas ruinas de la antigua civilización catamarqueña. En el solar de “Tucumanao” hicieron entrada los conquistadores, el descubridor Diego de Almagro, pasó a Chile.
Un grupo de andalgalenses tientan una excursión: Jaime Córdoba, Pancho Mazzucco, Dr. Alfredo Díaz, Florencio Córdoba y Julio Ormachea arriban a Tucumanao, al puesto de don Casimiro Díaz, para solicitarle que los acompañara como baqueano.
Don Jaime refiere: Desembarcamos a las nueve de la mañana, el sol ya era un calefactor punzante, armamos el campamento, tomamos unos mates, y salimos a revistar las impresiones disponibles, recorrimos los lugares posibles, sin siquiera encontrar indicios de la famosa ciudad.
Al cerrarse la oración, comenzó a soplar un furioso ventarrón que arrastraba médano, tierra, malezas que volaban por el aire, fluía tanto que la carpa la sacudía como un papel, esa noche no pegamos los ojos. A la madrugada desmantelamos el vivac, cargamos las cosas en la camioneta y agarramos las huellas señaladas, las que nos llevarían hasta el “Río de Londres”, referencial punto estratégico.
Las efectuadas travesías fueron: Campo de Huaco, La Isla, Tucumanao, Salpicruz, Balde de la Virgen, se traspone el Río de Londres, Río Colorado, para apuntar directamente Andalgalá.