miércoles, 7 de diciembre de 2011

La domada, cuantos recuerdos...

LA DOMADA

Apenas asoma el sol más abajo del Nevado
Regando de luz dorada sobre el valle,
Se sienten ruidos de arneses, frenos y caronas
Que se arrastran tintineando hacia la calle,
Mientras el paico, el polco y la menta sueltan sus aromas.
Esperando está en el palo de embramar
Un potro moro, bien crecido y relinchador,
Hoy es el día, parece que alguien lo va a domar
Pero, ¿Con ese bicho salvaje, podrá algún domador?
Despacio, el baqueano se le acerca y lo toca,
Desconfiando el potro lo ajusticia con la mirada,
Patea el suelo, da un salto y resopla,
Este parece que será un día de mucha jineteada.
Con engaños y caricias le coloca la montura,
Todo va bien hasta que el corriun tira de la cincha,
¡Hay mamita!, el potro en un segundo pierde la cordura,
Levanta las manos, muestra los dientes y relincha.
¡Ahora o nunca!, ya con el freno bien puesto
El “Gringo Moya” sin dudarlo le pega un salto,
Ciñe las piernas, pega un grito bien dispuesto,
Se arma la batahola y sigue pagado como un gato.
El bicho se enfurece, pega un salto y se retuerce,
Encara por la calle del pueblo como un torbellino,
No se puede quitar el jinete aunque se esfuerce,
No sabe qué hacer con el parasito prendido.
Pasan los minutos, el potro parece que pierde,
¡Pícaro!, cuando se le aflojan las riendas
Hecha la cabeza en medio de las monos y se enciende,
Levanta las ancas y el domador a parar en medio de las piedras.
Su relincho parece más bien una carcajada,
Sale retozando con claro festejo
Despojándose de la montura en cada bellaqueada,
No habrá hoy quien le cope la parada.
¡Bicho maldito, diablo, pero no vas a poder conmigo!,
Mañana mismo nos volveremos a ver las caras,
Quieras o no vas a ser mi amigo
Y ese brío en el que te amparas
Lo usaremos para conquistar el viento
Cuando cabalguemos juntos como si tuviéramos alas.

VIVANCO, Víctor Adolfo

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