martes, 20 de diciembre de 2011

Momentos que nos hacen darnos cuenta de que los sueños se cristalizan...

LOS TRES ARBOLES

En la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles se encontraban soñando sobre lo que querían ser cuando fueran grandes.
El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo:
-¡Yo quiero guardas tesoros! Sueño con estar repleto de oro y ser colmado de piedras preciosas. ¡Yo seré el baúl de tesoros más hermoso del mundo!
El segundo, miró un pequeño arroyo que realizaba su camino hacia el océano y dijo:
-¡Yo quiero viajar a través de aguas temibles y llevar reyes poderosos sobre mi! ¡Seré el barco más importante del mundo!
El tercer arbolito miró el valle que estaba debajo de la montaña y vio a hombres y mujeres trabajando en un pueblito. Y entonces suspiró:
-¡Yo no quiero irme nunca de la cima de la montaña! ¡Yo quiero crecer tan alto que la gente del pueblo, al mirarme, levante su mirada al cielo y piense en Dios! ¡Yo seré el árbol más alto del mundo!
Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles crecieron altos. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y pensó: “¡Qué árbol tan hermoso es este!”,
y con la arremetida de su hacha afilada, el primer árbol cayó.
-¡Ahora me van a convertir en un baúl hermoso, contendré tesoros maravillosos! – Dijo el primer árbol.
Otro leñador miró al segundo árbol y caviló: “Este árbol es muy fuerte, justo lo que necesito”. Y bajo los precisos golpes de su hacha, el segundo árbol fue derribado.
-¡Ahora deberé navegar aguas temibles!- pensó el segundo árbol- ¡Me transformaré en un barco importante para reyes temidos y poderosos!
El tercer árbol sintió su corazón sufrir cuando el ultimo leñador lo miró, y se paró derecho y alto, apuntando ferozmente al cielo. Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba, y dijo: “¡Cualquier árbol es bueno para mí!”.
Y en un rato de trabajo, el tercer árbol estuvo en el suelo.
El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó a una carpintería. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro ni llenado con tesoros: El carpintero lo convirtió en una gran caja de alimentos para animales de granja.
El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero, pero ningún barco imponente fue construido con ese día: Fue cortado y convertido en un simple bote de pesca. Era demasiado chico y débil para navegar en el océano,
y fue llevado a un pequeño lago.
El tercer árbol estaba confundido cuando el leñador lo llevó lo cortó para hacer tablas fuertes y lo abandonó en un almacén de madera.
-¿Qué estará pasando?- se preguntó- ¡Yo todo lo que quería era quedarme en la cumbre de la montaña y apuntar a Dios!
Muchísimos días y noches pasaron, y los tres árboles ya casi habían olvidado sus sueños…
Pero una noche, una luz de estrella dorada alumbró al primer árbol cuando una joven mujer colocó a su hijo recién nacido en la caja de alimentos.
-¡Yo quisiera haberle podido hacer una cuna al bebé!- le dijo su esposo a la mujer. La madre apretó la mano y sonrió, mientras la luz de la estrella alumbraba a la madera suave y fuerte de la cuna. Y la mujer dijo:
-¡Este pesebre es hermoso!. Y el primer árbol supo que contenía el tesoro más grande del mundo.
Una tarde, un viajero cansado y sus amigos se subieron al viejo bote de pesca. El viajero se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente hacia el interior del lago. En unos instantes,
una impresionante y aterradora tormenta llego al lago. El pequeño árbol se llenó de temor, porque sabía que no tenía la fuerza para llevar a todos los pasajeros a salvo hasta la orilla, con el viento y la lluvia.
El hombre dormido se levantó, se paró y alzando su mano dijo: “¡Calma!”.
La tormenta se detuvo tan rápido como comenzó. Y así, el segundo árbol supo que llevaba navegando al Rey del cielo y de la tierra.
Un viernes por la mañana, el tercer árbol se extrañó cuando sus tablas fueron tomadas de aquel almacén de madera olvidado. Se asustó al ser llevado por a través de una impresionante multitud de personas enojadas. Se llenó de temor cuando unos soldados clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintió feo, áspero y cruel…
Pero un domingo por la mañana, cuando el sol brilló y la tierra tembló con júbilo debajo de su madera, el tercer árbol supo que el amor de Dios había cambiado todo. Y se sintió fuerte, porque la gente cada vez que lo observara, pensaría en Dios. ¡Eso era mucho mejor que ser el árbol más alto del mundo!

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