sábado, 31 de diciembre de 2011

Poemas y Visiones...


POEMAS Y VISIONES


I
Tengo sed
De un algo infinito
Que de vida a cada una
De mis ansias.
Tengo sed
De la savia eterna
Que me dará
Su pasaje neutro hacia el espacio.
Tengo sed
De manos, de ojos, de labios
Porque ellos son la vida misma.
Tengo sed de luces,
Tengo sed de arcoíris,
Tengo sed de paz,
Tengo sed de verdad.
Y al fin…
Tengo sed de eternidad
Porque de ella vivirá
El dios unipersonal


II
Llueve… El cielo es un todo apenas coloreado
De un amorfo gris que me hace estremecer.
Cuando salga el sol me expandiré
Por los rascacielos de la tierra
Y me iré a entretejer pararrayos con palomas
En idílica y astral conjunción.
Cuando salga el sol me iré por los caminos
A crear espejismos para la gente sola
En la quieta inmensidad del cielo.
Cuando salga el sol voy a suspirar,
Borracho de tierra húmeda y vibrante.
Pero llueve. El cielo está gris.
La tarde está gris. El mundo está gris.
¿Estaré yo gris?
Larga y triste se me ocurre
Esta tarde plagada de presencias…



III
La calle esta noche
Está llena de estrellas desprendidas del cielo
En no sé qué idílico impulso
Brevemente posadas
Sobre el pavimento mojado se me antoja un mensaje
Que mana urgido por la orgía.
Caminando sin apuro
Como siempre me fascino de tal forma
Que quiero regalar una
A cada uno de los que pasan por mi lado y
Mientras camino, me embriago de un arrobo redentor
Y me libero de las rimas y las métricas
Que acaso achican la grandeza.
Las hay por todos lados.
Las hay tantas que hasta ruedan por mis sienes,
Desde mis pensamientos a cada uno de mis actos.
-Qué lindo…- me digo- Por fin cada uno tendrá su propia estrella
Esta noche porque ruedan, rebotan, salpican, explotan en efluvios celestes,
Todas pegadas en el pavimento.
Y bueno solo…
Si tan solo para mí
Hay estrellas esta noche
Me cuidaré
De guardar una grande para vos
En el bolsillo de mi campera gris.



IV
“-Despierte el alma dormida…”
Decía Manrique en su hispánica
Universalidad de rimas perfectas.
“-¿Cómo puede el alma despertar
Cuando se la ha llevado la muerte?”
Decimos los infinitos hombre
Que en la tierra no encontramos
Un consuelo entre los vivos…
“-¿Cómo sentirse vivo
Cuando la ilusión se ha ido ya?
¿Cómo, cuando se detienen las brisas del mar?
¿Cómo, cuando se acaba el murmullo?
¿Cómo vivir cuando no queda
Ya mas llanto en los ojos,
Ni caricias en las manos,
Ni besos escondidos,
Ni aureolas ideales, ni ideas ejemplares?
¿Cómo existir, cuando solamente
Se es un punto bochornoso
En la inmensidad del cosmos, en la incomprensión del cielo,
En la infalibilidad del deseo,
Cuando se es una mancha
En la pureza del ángel,
En la santidad del mártir,
En la finitud del hombre?
Decimos, mientras Bécquer
Afirma: ¡“Dios mío,
Qué solos se quedan los muertos!”


V
Un paisaje de tejados se dibuja más allá de mi ventana
La techumbre ofrece el rostro de los hombres que cobijan
Con su historia cada uno, con su vida cada cual…
El viento, absoluto soberano del aire, se lleva
El susurro sonoro
Del alarido, la pasión, el frenesí…
Absorto y en silencio miro y creo escuchar
El sordo zumbido del aire que se filtra por mi puerta
Y al salir el sol, presiento que la brisa,
Apurada aprisiona, mil secretos que se pierden
Entre las hojas secas que se van
Con su historia cada una
Con su vida cada cual….



VI
La calle
Está desierta. Los árboles sin hojas
Y tu alma y mi ausencia
En continuo devenir.
Ágil, la brisa se lleva una lágrima
Que se desprende de tus ojos, cansados,
De añorarme.
Se lleva jirones de tu carne, tus cabellos,
Tu pubis y tus manos
Hacia las ramas ateridas por donde
Se ve el cielo.
No estoy más…
Todo se hizo gris y frio
… amor


VII
Preparando la pluma y el espíritu
Para la creación universal y mágica
Encendí el candil amigo
Y encendí mi mano ansiosa.
Con la luz en los ojos y en el alma
Echo a volar un sueño loco
Para lograr arcanos infinitos
Que mueven siempre al Universo.
A mi lado, sentada muy quieta…
Vos. Entonces con mis ojos en los tuyos
Todo un arcoíris de luces fugaces
Se adueñó de mi mano viva.
Plutarco se mete en mi carne,
Mi lengua se emborracha en Ovidio,
Garaycochea mueve mi mano
Y Perón canta su marcha popular…
Amón Ra, junto a Homero y Aquiles
Se confunden en la majestuosidad
De León de Francia y Enrique VIII
Estrechados en soberano beso.
Doña Rosita, La Soltera, vuelve a llorar
La angustia eterna del amor perdido
En las fauces del tiempo y del destino;
Todos los fantasmas de todas las Operas
Regresan triunfantes y viriles
A desandar nuestro sueño inquieto.
Pero vos estás sentada a mi lado
Vivificando la sensación de estar vivo
En una noche como ésta, porque yo
He preparado la pluma y el espíritu
Para la creación universal y mágica,
Y al encender el candil amigo,
Encendí mi mano ansiosa
… una vez más.

BIZE GUERRA, Carlos Adolfo




Cuentos para pensa y mejorar nuestro actuar...

LA ESCALERA

Un carpintero que todos los días iba a rezar a la montaña,
decidió un día construir una escalera para poder subir por la montaña más rápido y poder estar cerca de Dios.
Un vecino que vio lo que estaba haciendo le dijo:
-Si me regalas un pequeño pedazo, a mi me serviría mucho y a tu obra casi no la perjudicará, ¿podrías regalarme un tramo de tu escalera?
El carpintero se rascó la cabeza y se lo dio. El vecino se lo agradeció y se fue muy contento. Después llegó otra persona y le explicó que,
permitiéndole usar unos peldaños, trabajaría y alimentaria a sus hijos. El carpintero accedió y le regaló unos peldaños.
El hombre se retiró contento y agradecido.
El carpintero continuó trabajando en su obra. Pasó por allí una pobre mujer y le pidió que le regalara un pedazo de madera,
ya que era urgente arreglar una pared de su casa por la que se colaba el viento. El carpintero accedió. La mujer se alejó contenta y agradecida.
Vinieron muchos más y el carpintero seguía accediendo. El invierno era duro, la miseria muy grande, y el carpintero daba a todos pedazos de su escalera,
aun para quemarlos como leña. Y decía:
-No comprendo, mujer. ¡Mi escalera es cada vez más chica y, sin embargo, me siento cada día más cerca del cielo!
Autor desconocido


DARSE CUENTA

Me levanto una mañana,
Salgo de mi casa,
Hay un pozo en la vereda,
No lo veo,
Y me caigo en él.
Día siguiente…
Salgo de mi casa,
Me olvido que hay un pozo en la vereda,
Y vuelvo a caer en él.
Tercer día,
Salgo de mi casa tratando de acordarme
Que hay un pozo en la vereda,
Sin embargo
No lo recuerdo,
Y caigo en él.
Cuarto día,
Salgo de mi casa tratando de acordarme
Del pozo en la vereda,
Lo recuerdo,
Y a pesar de eso,
No veo el pozo
Y caigo en él.
Quinto día,
Salgo de mi casa,
Recuerdo que tengo que tener presente
El pozo en la vereda
Y camino mirando el piso,
Y lo veo
Y a pesar de verlo,
Caigo en él.
Sexto día,
Salgo de mi casa,
Recuerdo el pozo en la vereda,
Voy buscándolo con la vista,
Lo veo,
Intento saltarlo,
Pero caigo en él.
Séptimo día,
Salgo de mi casa
Veo el pozo,
Tomo carrera,
Salto,
Rozo con la puntas de mis pies el borde del otro lado,
Pero no es suficiente y caigo en él.
Octavo día,
Salgo de mi casa,
Veo el pozo,
Tomo carrera,
Salto,
¡Llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido,
Que festejo dando saltos de alegría…
Y al hacerlo,
Caigo otra vez en el pozo.
Noveno día,
Salgo de mi casa,
Veo el pozo,
Tomo carrera,
Lo salto,
Y sigo mi camino.
Decimo día,
Me doy cuenta
Recién hoy
Que es más cómodo
Caminar…
Por la vereda de enfrente.
Jorge Bucay

Verano, una nueva estacion...

EL VERANO
El cielo con su peinado oscuro
Las nubes son sus cabellos
La altura es su elegancia
Que a veces baja para mojarnos
Son sus lágrimas de emoción
El amanecer nace con su brillo,
La mañana y la tarde
Están debajo de su existencia
Para irse con el ocaso
Lento, cálido y amarillo.
La lluvia apaga el fuego,
La tibieza del calido sol
Con sonoras tormentas
Torrentes de lagrimas
Y rios ahogados.
Tu apasionante amor
Me quema la piel
Me embarga de libertad
Por los verdes campos, sumergiendome
En tus cristalinas aguas.
Gordillo, César Nicolas

Siento que me aprieta la garganta...

ORFANDAD

Cuando la nostalgia me invade
Transportándome a la niñez,
Siento que me aprieta la garganta
Por tanta ausencia y hastío…,
Provocándome un infierno
Que lacera mi corazón
Y me empuja al abismo.
Yo… nada, nada comprendía
Por ser tan niña aun…
¿Qué sabia del dolor
Que avasallaba mis sentidos?
¿Qué sabia del tormento
Que corroía mis heridas?
¡Ay! ¿Por qué mi Dios?
¿Cuándo más la necesitaba
Me le arrebató la vida?
Dejándome con el alma truncada,
Sufriendo carencias de afecto
Que ansiosamente buscaba
En tantas manos vacías…
Yo… nada, no comprendía
Por ser tan niña aun…
Hoy… cuando ya muchos años pasaron
Mutilando mi existencia
Y exhausta ya de llorar,
Cierro mis ojos y contemplo
Tu figura inmaculada,
Tu joven sonrisa iluminada
Y tu mirada transparente.
Estremecida siento
Que tus manos anilladas
Me estrechan cálidamente
En un fuerte y maternal abrazo.
¿Sabes? Mamá
¿Cuántos de ellos necesité
En mi vida cotidiana?
¿Con cuántos de ellos soñé
En mi vida angustiada?
¡Oh! ¡Cuánta, cuánta orfandad
Me invadía
En desoladas noches
E interminables días!
¡Mamá! A lo largo de mi vida
Estas y estarán en mi corazón
Aunque sangre todavía!

CORONEL, María Cecilia

Un suave rumor de lentos pasos...

CALENDARIO DE ALEGRÍA

Un suave rumor de lentos pasos
Tranquilo escuché a mi lado un dia
Mientras las olas y el viento huian
Cristales de sal en mi cuerpo dormian.
Crei estra solo rondando en mis sueños,
Dibujando en la arena una estrella
Sonriendo elevé mi rostro al cielo,
Como un estilete, clavé la mirada allá
Se hundió frente a esa pálida luz
Eran mis tristes ojos detrás de un velo
Contando arrugas en el rostro de Jesús.
Años bien tasados en sus manos ví,
Calendarios de alegria en Él encontré
Calendarios de pena, hoy están en mí.
Cada estrella que brilla destila esplendor
Cada sueño que vuela delata el amor
Un dia se nubló mi estrella
Y ese dia se abrió mi corazón.

BATTAGLIA, Luis Hugo

Pequeñas historias de amor, donde uno es paricipe...

PEDAZO DE SUEÑO

Esta es la pequeña historia
Donde te vi como te veo
Sereno y dulce
Con tus ojos tristes
Con tu singular estirpe
De caballero.
Es una hoja
De mi libro de sueños
Donde escribi
Lo que te cuento
Lo que al amanecer
Vi en ellos.
Eras tú
Con tu calido andar
Quien pasó a mi lado
Y luego,
Inclinó su cuerpo
Y como siempre lo haces
Dejaste en mis mejillas
La suavidad de tu beso
Y como siempre lo haces
Dejaste en mi de nuevo
Tu silencioso anhelo
Y como siempre lo haces
Dejaste todo tu afecto.
Pero al lado mi asiento
Un rosal palido y feo
Desenvainó una espina
Y dibujó una linea
Roja y caliente en tus dedos.
No sé que diría ese hecho
Que no sea lo que yo pienso
Que por darme tu sentimiento
Lastime tu corazon
Con una espina
De mi rosal feo
O que el sabor intenso
De la rosa de tu beso
Se desdibuje y huya
Hacia el final de los vientos
Por ser nada más
Que la leve, liviana ilusion
De un pedazo de sueño.

PEREA DORADO, María del Valle





Parlamento Juvenil 2011, los representantes de Catamarca...






El Senado, la comunidad y la escuela...




martes, 20 de diciembre de 2011

Dedicatorias...


Poema
 
Mis penas de tu olvido
Amaneciendo y enloqueciendo por tu ternura
Me siento solo, aquí en este cuarto marrón
En este invierno frio que empaña mi corazón
Olvidando, pensando, recordando aquellos momentos felices...

Es verdad, aparento estar alegre, pero mi cuerpo no puede
¿No puede? Quisiera volver el tiempo atrás
Pero sí, lo sé, cometí muchos errores
Voy a buscarte, hasta que mis sentimientos no den mas carencia


Mi objetivo es volver a enamorarte y no morir en el silencio
Prefiero perderme con tus labios e imaginar un mundo nuevo
No me quedan más palabras:
¡Gracias por haber entrado en mi vida!

Dedicado para el Amancay de mi vida
Autor: Pablo Córdoba, de Valle Viejo. Catamarca
 
 
 
Gracias Pablo por tu poema, es muy hermoso...

Momentos que nos hacen darnos cuenta de que los sueños se cristalizan...

LOS TRES ARBOLES

En la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles se encontraban soñando sobre lo que querían ser cuando fueran grandes.
El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo:
-¡Yo quiero guardas tesoros! Sueño con estar repleto de oro y ser colmado de piedras preciosas. ¡Yo seré el baúl de tesoros más hermoso del mundo!
El segundo, miró un pequeño arroyo que realizaba su camino hacia el océano y dijo:
-¡Yo quiero viajar a través de aguas temibles y llevar reyes poderosos sobre mi! ¡Seré el barco más importante del mundo!
El tercer arbolito miró el valle que estaba debajo de la montaña y vio a hombres y mujeres trabajando en un pueblito. Y entonces suspiró:
-¡Yo no quiero irme nunca de la cima de la montaña! ¡Yo quiero crecer tan alto que la gente del pueblo, al mirarme, levante su mirada al cielo y piense en Dios! ¡Yo seré el árbol más alto del mundo!
Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles crecieron altos. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y pensó: “¡Qué árbol tan hermoso es este!”,
y con la arremetida de su hacha afilada, el primer árbol cayó.
-¡Ahora me van a convertir en un baúl hermoso, contendré tesoros maravillosos! – Dijo el primer árbol.
Otro leñador miró al segundo árbol y caviló: “Este árbol es muy fuerte, justo lo que necesito”. Y bajo los precisos golpes de su hacha, el segundo árbol fue derribado.
-¡Ahora deberé navegar aguas temibles!- pensó el segundo árbol- ¡Me transformaré en un barco importante para reyes temidos y poderosos!
El tercer árbol sintió su corazón sufrir cuando el ultimo leñador lo miró, y se paró derecho y alto, apuntando ferozmente al cielo. Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba, y dijo: “¡Cualquier árbol es bueno para mí!”.
Y en un rato de trabajo, el tercer árbol estuvo en el suelo.
El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó a una carpintería. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro ni llenado con tesoros: El carpintero lo convirtió en una gran caja de alimentos para animales de granja.
El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero, pero ningún barco imponente fue construido con ese día: Fue cortado y convertido en un simple bote de pesca. Era demasiado chico y débil para navegar en el océano,
y fue llevado a un pequeño lago.
El tercer árbol estaba confundido cuando el leñador lo llevó lo cortó para hacer tablas fuertes y lo abandonó en un almacén de madera.
-¿Qué estará pasando?- se preguntó- ¡Yo todo lo que quería era quedarme en la cumbre de la montaña y apuntar a Dios!
Muchísimos días y noches pasaron, y los tres árboles ya casi habían olvidado sus sueños…
Pero una noche, una luz de estrella dorada alumbró al primer árbol cuando una joven mujer colocó a su hijo recién nacido en la caja de alimentos.
-¡Yo quisiera haberle podido hacer una cuna al bebé!- le dijo su esposo a la mujer. La madre apretó la mano y sonrió, mientras la luz de la estrella alumbraba a la madera suave y fuerte de la cuna. Y la mujer dijo:
-¡Este pesebre es hermoso!. Y el primer árbol supo que contenía el tesoro más grande del mundo.
Una tarde, un viajero cansado y sus amigos se subieron al viejo bote de pesca. El viajero se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente hacia el interior del lago. En unos instantes,
una impresionante y aterradora tormenta llego al lago. El pequeño árbol se llenó de temor, porque sabía que no tenía la fuerza para llevar a todos los pasajeros a salvo hasta la orilla, con el viento y la lluvia.
El hombre dormido se levantó, se paró y alzando su mano dijo: “¡Calma!”.
La tormenta se detuvo tan rápido como comenzó. Y así, el segundo árbol supo que llevaba navegando al Rey del cielo y de la tierra.
Un viernes por la mañana, el tercer árbol se extrañó cuando sus tablas fueron tomadas de aquel almacén de madera olvidado. Se asustó al ser llevado por a través de una impresionante multitud de personas enojadas. Se llenó de temor cuando unos soldados clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintió feo, áspero y cruel…
Pero un domingo por la mañana, cuando el sol brilló y la tierra tembló con júbilo debajo de su madera, el tercer árbol supo que el amor de Dios había cambiado todo. Y se sintió fuerte, porque la gente cada vez que lo observara, pensaría en Dios. ¡Eso era mucho mejor que ser el árbol más alto del mundo!

Cuentos para pensar...

BREVEDAD

He nacido hoy de madrugada
Viví mi niñez esta mañana
Y sobre el mediodía
Ya transitaba mi adolescencia
Y no es que me asuste
Que el tiempo se me pase tan aprisa
Solo me inquieta un poco pensar
Que tal vez mañana
Yo sea
Demasiado viejo
Para hacer lo que he dejado pendiente.

Jorge Bucay

Estrella... estatua dormida de tanto vagar...

ESTRELLA SIN LUZ

¡Oh, estrella sin luz!
Estatua dormida de tanto vagar
Calvario de espinas sobre la cruz
Esperanzas de brillo al soñar
Celda oscura de nunca acabar
Dolor sin fronteras casi mortal
Muchas rosas negras para un altar
Vil destino, egoismo fatal.
Dias oscuros en todo sitial
Noches de sombra que vienen y van
Estrella sin luz, ronda sideral
Peleas en sueños, luchas sin rival.
Valdrá de algo el calor o el frio
¿Para qué el oro de un mundo que gira
Si un fuego se apaga con el rocio
Mas cuando muere lenta una pupila?
El cuerpo es solo parte del suelo
Que nos da la vida y a él volveremos
El alma es la otra parte que regresa al cielo
Entre ambas tal vez, recuerdos seremos.
Sé quien cargó la más pesada cruz,
Yo la cargo tal cual Él,
Como una perdida estrella

Pero una estrella sin luz.

BATTAGLIA, Luis Hugo

Verano... tormenta intempesiva...

REQUIEM PARA UN VERANO

Rápido, el sol,
Inicia su senda regresiva,
Soberano del Trópico,
A su reinado de aguas
Y palmeras.
Se lleva un séquito de golondrinas
Con su mínimo asomo de gorjeos.
Su carruaje:
Tormenta intempestiva
Y el desafiante relámpago
En tenaz zigzagueo.
Ya no abruma su siesta,
Ni fulgura
Su aurora anticipada.
Y sangra el horizonte
Para amparar la noche,
Tendiendo el coral
De su cortina.
Agoniza el verano.
Cuelga su soledad azul
Entre los pinos
Que guardarán celosos
Su recuerdo.
Recógese…
Sueña su sueño resignado
Que le ofrecen piadosas
Las profundas raíces
De jacarandaes y lapachos.
Y aguarda…
Otoño está en las puertas.
Cobre y oro
Se ha puesto a pintar
Todo el paisaje.
Él y mi alma,
En misteriosa comunión
De pena y gozo,
Elaboramos
Con nervaduras de amarillos nuevos,
Una alfombra para sus despojos.
Homenaje feliz!
No a su muerte,
No a su ausencia parcial,
Puesto que su sol
Se quedó viajando
Aquí en mis venas,
¡Canto de luz vital,
Esperanzada,
A su cíclica, inevitable,
Sutil resurrección,
A su latente gloria renovada
En el mismo fulgor
De cobre y oro
Que Otoño
Le prodiga con amor,
Junto a mi alma anonadada!

CABRERA, Eva Inés

Navidad... cantad campanas, un canto de alegria...

RUEGO DE NAVIDAD

Cantad campanas todas
Un canto de alegría,
Un canto de amistad.
Que tu repique alegre
Llene de vida y de gozo
Toda la humanidad.
Cantad para que siempre
Reinen en todo el mundo
El bien y la verdad.
Que no anuncien tus sones
La pena de algún niño.
Ni el llanto de una madre
Que nadie escuchará.
Que ni haya más tristezas,
Ni odios,
Ni envidia ni maldad.
Que el Niño que ha nacido
En humilde pesebre,
Sea para todos los hombres
El amor, la esperanza,
Un símbolo de paz.

PELEGRINA de MAZZUCCO, Eloísa María

Burrito... Cuantos trabajos buenos ayudas a cumplir... y la gran mision que realizaste

BURRITO LEÑATERO

Desde el patio de la escuela
Agobiado con tu carga,
Te ven pasar con pena
Casi todas las mañanas.
Noble y sufriente burrito,
Que lejos está tu infancia
Cuando por cerros y valles
Libre y feliz ccorreteabsa.
Tu pelo era de acero
Y tus pupilas de plata,
Era el tiempo de alegría
Entre poleos y retamas.
Ya no es de seda tu pelo.
Ya no brilla tu mirada
Y caminas agobiado
Bajo el peso de tu carga.
Qué lejos estás burrito
De aquél otro que llevara
A la Virgen y a su Niño
Sentados sobre sus ancas
Por solitarios senderos
De muy lejana comarca.
Por este tu antepasado
Que llevó – tan dulce carga-
Tienes ganado un lugar
En la celestial morada.
Allí de nuevo tendrás
Alegría en la mirada
Tu pelo será brillante
Como en la infancia lejana.
Y, para recorrer valles,
Montes, sendas y quebradas
Te brotarán de milagro
Un hermoso par de alas
Perfumadas con incienso
Con poleos y retamas.

PELEGRINA de MAZZUCCO, Eloísa María

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Cuando no sabemos el por qué de las cosas...

HUELLAS EN LA ARENA…

Soñé que estaba caminado por la playa, acompañado del Señor,
cuando en el cielo comencé a ver escenas de mi pasado. En cada escena,
yo veía dos hileras de pisadas en la arena: Unas huellas eran las mías; las otras, del Señor.
Después de ver la última escena, miré hacia atrás, donde estaban las pisadas en la arena.
Observé que muchas veces, a lo largo del camino de mi vida,
había solamente un par de huellas en la arena. Sorprendido,
me di cuenta de que esto sucedía durante los periodos más tristes y depresivos de mi vida.
Este hecho me preocupó tanto que decidí preguntarle al Señor acerca de todo esto:
-Señor, una vez dijiste que si yo me decidía a seguirte, tú siempre caminarías a mi lado.
Y ahora encuentro que durante los momentos más difíciles de mi vida había una sola hilera de pisadas.
¡No comprendo por qué, cuando más te necesitaba, me dejaste solo!
El Señor, sonriéndome cariñosamente, me contestó:
-¡Amado hijo! Yo te quiero mucho y nunca,
nunca te dejaría solo durante las horas difíciles de tu vida.
La hilera única de pisadas en la arena corresponde a los momentos en los que te llevaba cargado en mis brazos…

Atribuido a la Madre Teresa de Calcuta

CUENTOS PARA REFLEXIONAR…

EL BORDADO DE DIOS…

Cuando era muy pequeño, mi mamá solía coser mucho. Yo me sentaba cerca de ella y
le preguntaba qué estaba haciendo. Ella me respondía que estaba bordando.
Yo observaba el trabajo de mi mamá desde una posición más baja que donde ella estaba sentada,
y siempre me quejaba porque, desde mi punto de vista, lo que estaba haciendo me parecía muy confuso.
Ella me sonreía, miraba hacia abajo y gentilmente me decía:
-Hijo, ve afuera a jugar un rato; cuando haya terminado mi bordado,
te pondré sobre mi regazo y te dejaré verlo acabado.
Yo me preguntaba: ¿Por qué usa algunos hilos de colores oscuros?
¿Por qué, desde donde estoy, todo me parece tan desordenado?
Unos minutos más tarde, escuchaba la voz de mi mamá diciéndome:
-Hijo, ven y siéntate en mi regazo.
Yo lo hacía de inmediato. Al instante,
me sorprendía y emocionaba al ver la hermosa flor o el bello atardecer en el bordado.
¡No podía creerlo! ¡Desde abajo se veía tan confuso! Entonces, mamá me decía:
-Hijo mío, desde abajo se veía confuso y desordenado,
pero no te dabas cuenta de que arriba existía un plan. Había un diseño previo,
solo lo estaba siguiendo. Ahora míralo desde mi posición, y sabrás lo que estaba haciendo…
Muchas veces, a lo largo de los años, he mirado al cielo y he dicho:
-Padre, ¿qué estás haciendo?
Él responde:
-Estoy bordando tu vida.
Entonces yo le replico:
-Pero se ve tan confuso, es un desorden. Los hilos parecen tan oscuros
¿Por qué no son tan brillantes?
El Padre parecía decirme:
-Mi niño, ocúpate de tu trabajo y déjame hacer el mío. Un día te traeré al cielo,
te pondré sobre mi regazo y verás el plan desde mi posición. Entonces, entenderás…

Autor desconocido

Camina sin prisa y quienes lo miran, lo ven con otros ojos...

NIÑO VAGABUNDO

Pies descalzos, remera mangas cortas,
Camina sin prisa buscando una promesa,
El niño vagabundo, su casa es cualquier parte,
Su madre una mano bondadosa
Que extiende una moneda un pedazo de pan,
Su padre el silencio y el olvido,
Su amigo el perrito bayo que le hace sombra
Y su esperanza solamente un plato de comida.
A dónde vas, pequeño ángel
Necesitado de cariño,
Mostrando sin descaro la impotencia
De sobrevivir cada día.
Yo conozco tu camino,
Senda entre jarillas que llega al basural
Donde, para los que tienen, es nada,
Pero para ti que no lo tienes, es todo.
Comida, objeto que atesoras,
Mientras que los que comen de dos manos,
Una justa y otra injusta,
Se regocijan en su abundancia,
¡Qué clase de alma tienen ellos!
Y cuál es la fe que profesan,
Si en sus proyectos no figuras,
Angelito de la tierra,
Allí solo figura otra forma
De encontrar dinero.
Camina entre nosotros, niño vagabundo
Y saca a la luz nuestras miserias
Que para ti Dios un tesoro tiene,
Camina entre nosotros
Para que avergüences nuestras riquezas
Y calles nuestras palabras de injusticia;
Y cuando mires, hazlo fijamente a los ojos
Para que todo nuestro orgullo
Se derrumbe sin remedio.
Y de ellos, que prometen ayudarte
No esperes nada, solamente el olvido,
Deja que los juzgue su conciencia,
Que ante ti y tus hermanos
Solo con la madre
Que abandona a sus hijos.
Espera solo en Dios y su mano
Que aparece a la vuelta de la esquina,
Con pan, abrigo o comida.
Camina por nuestras calles el niño vagabundo
Y al verlo, una lagrima escondida en la vergüenza
Se escurre hacia el centro del alma;
¡¿De cuál presente y cuál futuro discutimos?!
Si hasta que las miserias que arraigamos
No se desvanezcan y se transformen en amor y misericordia,
Todos ante DIOS seremos el NIÑO VAGABUNDO.

VIVANCO, Víctor Adolfo
 

Abandonaste el nido, por otros cielos surcar...

VIAJE AL OLVIDO

En viaje alado
Golondrina fugaz
Abandonaste el nido
Por otros cielos surcar.
Miel de rocío,
Miel dorada,
Allá lejos posada
En árbol desconocido
Por buscar otro cielo
Me condenaste al olvido.
En viaje alado,
Golondrina bohemia
Transporta el poema
Del amor amado.
Helado el viento
Castiga el ventanal
Y el lecho que ayer
Tus alas entibiaron
Está gris de otoño,
De vacío y silencio.
Por buscar otro cielo
No has regresado
Golondrina lejana
Del viaje alado.
De lo alto aquel verano
Volaste lejana, una tarde
Llevando en el brillo de tus alas
El azulado señorial de tu figura
Y condenado al olvido, sin ternura
Me dejaste indefenso en la llanura
De la soledad fría que me abruma.
En viaje fugaz te has marchado
Por buscar otro cielo en la distancia
Pero yo te perdono en mi silencio
Porque copiaste el vuelo de los ángeles
Para marcharte lejana por los aires.
Condenado al olvido me confundo
Y me entrego frágil a la fantasía
Y me asomo al ventanal de los días
Por huir de la fatal melancolía.
Así gimiendo te perdono
Refugiado en los brazos del silencio
De otro cielo lejano es tu vuelo,
De otro árbol será tu nido nuevo,
De otros paisajes tu hermosura
Y yo indefenso en la llanura
Helada y solitaria del olvido
Me aferro al lazo de la vida
Añorando la tibieza del aquel nido
Tejido dulcemente con amor
En el fantástico árbol florido.
Te llamé golondrina
Sin darme cuenta,
Te llamé golondrina
Y eras mi hada
Purísimamente enamorada
Del encanto febril del universo.
Te llamé golondrina
Sin darme cuenta
Porque tu ausencia impiadosa
Me atormenta.

D’ VALERIO, Santiago

...Niñito de pies descalzos, con dulzura de caramelo...

NIÑITO DE PIES DESCALZOS

Esperando la Navidad y tras de ella un nacimiento
Del niñito de pies descalzos, con dulzura de caramelo,
Con bendiciones de regalos para salvar a los pueblos
Que esperan con ansiedad, la venida del niño bueno.
Todos saben que ese niño es por Dios bendecido,
Y que con su manto su madre proveía como pañales,
No tenía sábanas de oro, solo un lecho de paja y hierba,
Que apenitas se veía, alumbrado por una estrella.
Y allá en Belén, hasta los reyes llegaron trayéndole sus regalos,
Los burritos con sus crías, los pastores con su rebaño.
San José en un costado, su madre del otro lado,
Y el niñito ya nacido, yace en el pesebre acostado.
Oh, niñito Jesús, si a este mundo has llegado,
Bendice a todos los niños, a los niñitos de mi barrio,
Esos que no pueden ir a la escuela, porque tienen sus pies descalzos.
A esos niñitos que por ser pobres, casi siempre son ignorados
Y que por cosa del destino, sufren de amor o están llorando,
Bendícelos para que sonrían y en tu pesebre te canten,
Porque solo saben de canciones, que te traen como regalo.
Te pido por los abuelos, para que no se sientan tan solos,
Y que en este largo camino, de por vida recorrido,
Sean por ti bendecidos, y que presientan tu compañía,
Porque no saben hasta cuándo verán el amanecer de cada día.
Oh! Niñito Jesús que has nacido en un pesebre
Rodeado por los ángeles, por los ángeles del cielo,
Provee a este pueblo de mucha paz y bendición
Para que los niñitos como tú, tengan amor en su corazón.
Hoy estamos festejando la Navidad para todos y la venida del redentor,
De ese capullito de cielo que es nuestro Salvador,
Que tiene el corazón inmenso y bondad en sus mansos,
Del que nació en un pesebre, el niñito de pies descalzos.

MIRABAL DE CARRAZCO, María Angélica

La locura, una sorpresa inesperada que llega en los momentos de menos inesperados...

LA LOCURA

Los locos corren
por el pasto sin gritos
por la pradera venenosa
y por la piel, entre la luna.
De “los locos” de Luis Alberto Spinetta

I
Es un retiro… solo un retiro
Para fluir en un estado
Sin nombre, sin color
Las nubes de mi cabeza y de mis ojos
Ayudan a comprender sus palabras
Su silencio, su mirada
Que engendran de sus betas
Que brillan con plenitud
Ante los reflejos de la luna
En una botella de alcohol

II
Por las profundidades de mi alma
Hay una ventana que permite ver la locura
Correr como un rayo sin codicia
Y caer como si fuera mi cuerpo
Para dormir en su reposo
Y beber el néctar de la soledad.

III
Juana la loca corre coronada en flores a la orilla de la playa
Y los esquizofrénicos brindan con las aguas de las miserias
Los psicodélicos se pierden entre los caños rotos
Y los ciegos se entierran entre los libros del olvido.
Los locos se confunden al verse ellos mismos
En unos espejos rotos y empañados en lágrimas de sangre
Y los idiotas payasos hacen piruetas dentro de sus cabezas
Y la bestia y la bella bestia bailan en una caja de cartón
Y así son felices esta manga de locos.

ALVAREZ, Luís Daniel

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Mi amor eterno, siempre estaras aunque pasen los años...

AMOR ETERNO

Asi… como las hojas marchitas del otoño,
Son tu nombre y mi nombre,
De la mar esmeralda, ellos son los veleros,
De las playas profundas, son ellos los senderos.
Asi… como la línea que besa el horizonte
Se besan las palabras que surgen del silencio;
Asi vuelan tus labios, todo tu pensamiento;
Tus ojos extraviados por la luna y el cielo.
Nadando enloquicidas las olas van creciendo
En la marea oculta de tu temperamento, y
Celosas las mias se baten en el duelo
Con la brisa que abraz tu corazon entero.
Asi… como las flores de nuestra primavera,
Como el ardiente fuego de nuestra lucha ciega,
Asi, como las rosas, reclamo yo tus besos
Y sueño con tu nombre… en infinita espera.

Gordillo, César Nicolas

La domada, cuantos recuerdos...

LA DOMADA

Apenas asoma el sol más abajo del Nevado
Regando de luz dorada sobre el valle,
Se sienten ruidos de arneses, frenos y caronas
Que se arrastran tintineando hacia la calle,
Mientras el paico, el polco y la menta sueltan sus aromas.
Esperando está en el palo de embramar
Un potro moro, bien crecido y relinchador,
Hoy es el día, parece que alguien lo va a domar
Pero, ¿Con ese bicho salvaje, podrá algún domador?
Despacio, el baqueano se le acerca y lo toca,
Desconfiando el potro lo ajusticia con la mirada,
Patea el suelo, da un salto y resopla,
Este parece que será un día de mucha jineteada.
Con engaños y caricias le coloca la montura,
Todo va bien hasta que el corriun tira de la cincha,
¡Hay mamita!, el potro en un segundo pierde la cordura,
Levanta las manos, muestra los dientes y relincha.
¡Ahora o nunca!, ya con el freno bien puesto
El “Gringo Moya” sin dudarlo le pega un salto,
Ciñe las piernas, pega un grito bien dispuesto,
Se arma la batahola y sigue pagado como un gato.
El bicho se enfurece, pega un salto y se retuerce,
Encara por la calle del pueblo como un torbellino,
No se puede quitar el jinete aunque se esfuerce,
No sabe qué hacer con el parasito prendido.
Pasan los minutos, el potro parece que pierde,
¡Pícaro!, cuando se le aflojan las riendas
Hecha la cabeza en medio de las monos y se enciende,
Levanta las ancas y el domador a parar en medio de las piedras.
Su relincho parece más bien una carcajada,
Sale retozando con claro festejo
Despojándose de la montura en cada bellaqueada,
No habrá hoy quien le cope la parada.
¡Bicho maldito, diablo, pero no vas a poder conmigo!,
Mañana mismo nos volveremos a ver las caras,
Quieras o no vas a ser mi amigo
Y ese brío en el que te amparas
Lo usaremos para conquistar el viento
Cuando cabalguemos juntos como si tuviéramos alas.

VIVANCO, Víctor Adolfo

Mujer... luchas por todos y no bajas los brazos...

MUJER DE MIL SENDEROS

¡Yo te conozco
Mujer de mil senderos
Y ningún camino cierto…
Vagando por las noches
En calles complacientes,
Rumiando en cruel silencio
Un grito de perdón…!
Cual culpa te supera,
Mujer de ojos inciertos
Que aquella que te lleva
Sin opciones a pecar.
Si ya no tienes fuerzas
Para seguir pidiendo
Trabajo digno y sustento
Y no te quieren escuchar.
Si no tienes más recursos
Que el de ofrecer tu cuerpo
A quien indignamente
Pagará sin pensar.
Son muchos los que juzgan
Tu espiritu resuelto
Sin conocer siquiera
El dolor de tu interior
Sin embargo las piedras
Al igual que a Magdalena
Te duelen sin remedio
En el alma y en la piel.
Que burda la existencia
Que admite displicencias
Que sorda la conciencia
Que muda la opresión
De ser mujer ramera
Para vender por plata,
Un cuerpo que creado
Fuera para el amor.
Es la vida que te expone
Al vicio, viejos sueños
Que en cada cama inmunda
Se morirán con vos…
Siguiendo igual camino
Hacia el tirano olvido
Tu ser de niña joven
Que no dudó en luchar
Y junto con tu risa
Se quedarán vencidas
En los senderos vanos
Gastados ya de andar.
¡Levanta tu mirada
Y no dudes de tus fuerza
Que aunque el destino ingrato
No te dejará escoger,
Si tu camino es arduo
Y por más que sea largo
Afirma en él tus pasos
Y deja huellas… Mujer!

URETTI, Laura Beatriz

Sangre, siempre en mis venas y llenandome de herencias...

PLEGARIAS DE LA SANGRE

Estas ondas del viento de mis tardes
Que distantes van muriendo tras las cumbres,
Son armónicas plegarias de la sangre
De un eterno sentimiento que resurge.
Lo imagino caminando trsitemente
Con su frente alrededor de los abismos,
Y una tarde pincelando ya el poniente
Con sus tétricas figuras del destino.
¿Qué penas tan profundas te han hablado
Desde el fondo del alma, padre mío?
¿Por qué dejaste la vida entre las manos
De la pampa, de la tumba y el olvido?
Van diez años de vida entre los muertos,
Diez años de ausencia se han cumplido;
Y entre el palido llanto del recuerdo
Mi plegaria se levanta con el frio.
Padre mio… ¡Señor de las distancias!,
Bajo el ancho sollozar de las creencias,
Levanto mis plegarias por tu alma
Observando tristemente las estrellas.
Romances de ausencias, cantares del viento.
Amor en las tardes marrones de octubre,
¡Mostradle el camino de allá de los cielos!
Mostradle el sendero, Seños, en las nubes.

RAMOS, Pascual Florentino

Ellos, palabra tan corta y que relata tantas historias...

ELLOS

Un hombre flaco y alto
Que parece un suspiro,
De manos negras y ojos rojos
Como el carbón que fabrica;
Una mujer piel curtida,
Labios rectos y mirada triste,
Que recoge sus castigados cabellos
En apresurado rodete;
Un hombre tosco y de andar lento,
Cara risueña y mirada pura,
Cuyas piernas curvadas y torpes
Siempre arrastarn heredados zapatos;
Un hombre tosco, andrajoso,
Borracho, rebelde, agresivo,
Que solo se dulcifica cuando talla la madera;
Y niños,
Niños y niñas,
Delgados,
Opacos.
Ellos piden, piden todo
Para cubrir la pobreza,
Para aliviar el alma.
Ellos…
Ellos son algunos de los Cristos
Que vienen siempre a mi puerta.
Ellos…
Ellos me alcanzan un peldaño blanco
Con los que lentamente…,
Lentamente, forjo mi escalera
Por la que espero ascender
Cuando se acaben mis dias.
Ellos…
Ellos seran los bienaventurados
Y de ellos estarán llenos los cielos.
Y yo…,
¡Yo trato de alcanzarlos!
Pero…
¡Ay!...¡Se me esfumaron los peldaños blancos!,
Pues mi mano izquierda
Se enteró de los que dio mi derecha.

MATESICH, Diola María

Chelemin... Heroe de las luchas indigenas...

CHELEMIN (Retumbo)

Recitado

Por las calles de Malfin
Va engrillado hacia “El Fuerte”
El bravo Juan Chelemin,
A encontrarse con la muerte.
El vuelo final que hoy desata
Por un cielo de gris eternidad,
Era el cielo que peleaba y hoy lo mata
Para hacer un canto azul de libertad.

Cantado

Un cóndor despliaga sus alas
Trepando por un cielo azul,
La tarde agoniza allá en Ingamana
Y enciende destellos por la Cruz del Sur.
Desde que el blanco ha llegado
Con la muerte y la explotación,
El imperio se ha derrumbado
Y sólo nos queda la sublevación.

Estribillo

Juan Chelemin, Juan Chelemin,
Aguijon en las chuzas, leyendas en el miedo
Y en la brisa un jazmin,
Juan Chelemin, tu cuerpo que va destrozado
Son cuatro alaridos
Que llevan los vientos de la libertad.

Recitado

Aguila herida en el monte,
Corazon de algarrobal,
Tu guerra no tiene horizonte,
Perfuma las vainas de la libertad.
Mandaste matar a los hijos,
Qué designio de ingratitud;
La consigna es morir, si es preciso,
Que vivir en la esclavitud.

Cantado

El eco se lleva tu grito,
El valle calchaqui en un son
Se alzaba poniendole un hito
A esa tu lanza que era un pabellón.
El sol se agagó y ya no brilla
Por el cielo de Andalgalá;
El Fuerte de Nieva y Castilla
Ha quebrado tu vuelo a la libertad.

CECENARRO, Roberto Arnaldo