jueves, 9 de febrero de 2012

Revistas literarias...

"Con voz propia"

Silvia Long-Ohni, Prov. Buenos Aires, Argentina

NADA TE DEBO
Nada te debo, Amor, salvo la pena,
el herrumbre en los ojos por tanto desaliento
y la boca cerrada como una sepultura.
Cuando viniste, Eros, como ráfaga hambrienta
a libar de las rosas la miel de mi inocencia
las puertas del vergel fueron de seda
y todas las estrellas desveladas
a toque de silencio se llamaron
porque tu sueño fuera el más digno de un ángel.
Muchas veces llegaste desharrapado y triste
y otras muchas cubierto de un manto de oropeles
y la cancel abierta con la misma sonrisa
dejó libre el camino de tus pies traicioneros.
Nada te debo, Amor, salvo la pena
de haber perdido el tiempo que hoy me falta.

NADA POSEO
Nada poseo, nada,
ni la imagen huyente en el espejo
que en penumbras refleja lo destinado a irse,
lo diluido en el tiempo y en la bruma,
esas huellas perdidas
entre grises y oscuros matorrales
de hojas carcomidas por un invierno terco.
Nada poseo, nada,
porque la luz, el viento, el sueño, el agua
se han declarado ajenos,
impropios a mis ojos y a mis manos,
residentes del pálpito que en corazones nuevos
cobran su natural vigor y animan
a muchachas en flor, cadenciosas, despiertas,
con caderas turgentes y pechos no inmolados
y a machos apolíneos de tensos pectorales.
Nada poseo, nada,
sólo un recuerdo lívido y lejano,
un pasado que tiende a podredumbre,
una bujía rota y mucha sombra
y ya no como Anacreonte dolerme
por el placer esquivo y la poma extranjera.
Saludo al tiempo ido desde un barco lejano,
la proa hacia el poniente
en busca de una playa donde nunca habrá nadie.