viernes, 24 de febrero de 2012

Revistas literarias...

"Con voz propia"

Alejandro Drewes, de la Provincia de Buenos Aires, Argentina

ELLA

Como un hada era
como un hada triste
y a veces como un viento era
una pedrada
en la espalda del tiempo
una palabra dicha
como si aquí
en este mismo lugar
nada hubiera pasado

Y si apenas
el poema salvara
la esfumada sombra fiel
o una simple línea de sol
cierta tibieza
del asedio
de la próxima escarcha

Si apenas sirviera
retorcer la escritura
hasta quién sabe
qué sangre, intuir
la tragedia que aguarda
detrás del último acto

Pero amor, es que el pie
se desliza siempre
por más hondas grietas
de penumbra. Al otro lado

Se oye gemir de tanto en tanto
a los perros, ebrios de melancolía
y el humo de otra noche asciende
sin prisa y lejanos astros pasan.

CARTAS AL AMOR DESCONOCIDO  

Te he esperado pacientemente todo el día. Sé que estabas a llegar. Varias veces recorrí desesperado los andenes, pensando que equivocaste el tren.
Tu rostro me decía: “Llegó el Tiempo, la hora y el momento de encontrarnos”.
Cuando en la estación escuchaba otro tren que se aproximaba, corría al encuentro de la ilusión. Sabías que te esperaba, y tenías miedo.
Miedo que pudiera verte impropia, inadecuada.
Bajaste del vagón en el que te sentías solitaria.
Caminaste pausadamente esperando que yo pudiera identificarte, y sin abrir los labios, preguntarte por qué habías demorado tanto.
Con tu mirar hacia abajo, ocultando la luz de tus ojos, disimulé un descuido, un algo que se me había caído, y al agacharme y levantar mi cabeza, enfrenté tus ojos…
Fue una mirada eterna… Segundos que nunca han tenido fin.
No tuve fuerza de incorporarme. Pasaste a mi lado como un aliento tibio, suave y renovador.
Cuando volteé para seguirte, te habías marchado. No me habías esperado
Me recliné en el primer banco. Respiré profundo, hasta que una mano firme tocó mis hombros y un rostro sin marcas, con voz gruesa dijo:
- ¿Precisa de un médico, Señor? ¿Está con algún problema?
Y escuché en mi interior: “Sí, preciso ayuda, pero un médico no me cura. Preciso ayuda, y como medicamento necesito Amor”.
Salí de la estación tambaleante, ebrio de debilidad de mi conciente en caída
Llegué a mi casa, parecía adormecida.
Abrí las puertas y los ventanales, esperando que la luz y la brisa que daba el día transportase aún, parte del perfume que conseguí guardar.
Me reviré en el estado de lo que se dice “reposar” preguntándome:
¿Cuándo?...
   ¿Cuánto?...
      ¿Cómo?...
          ¿De qué forma, te volvería a encontrar?

Del libro Historias cortas de un mundo corto

Oliver Robertt, de La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina