sábado, 31 de marzo de 2012

Cada día a la salida del colegio lo vistaba...

EL SUEÑO DE ANA

Cada día a la salida del colegio lo visitaba.
Es más, todas las tardes precisamente.
El tiempo se fragmentaba en milésimas partículas mientras yo observaba los minúsculos detalles de su estructura.
Me atrapaban sus colores, las formas curvas y sus letras.
Todas las tardes mi enamorado esperaba mi llegada.
Juro que cuando me veía se sonrojaba.
Él sabe que lo quiero. Sé que él también me quiere.
¡Cómo decir que no a esa historia que me hacía soñar! Parecía que mi cabeza estaba en otro mundo.
Tanto fue así que el dueño comenzó a inquietarse con mis visitas frecuentes,
pensó que me asustaría su mirada con el ceño fruncido y de cierta desconfianza pero no hubo forma de que yo desistiera para cumplir mi sueño.
Les confieso que en mi mente imaginé muchas formas para que estemos juntos.
Pensé en distraer al dueño y llevármelo conmigo.
Ideé un plan secreto para que nunca nos separe una vidriera repleta de objetos.
Hasta pensé en vender a Pepe pero doña Juana dijo que no me darían mucho por un trapo viejo.
Así fue que una tarde, después de un tiempo, volví a verlo.
Allí estaba, detrás de la vidriera, sumiso, con sus colores intactos en medio de otros objetos que lo hacían ver viejo y anticuado.
Porque las historias de príncipes y duendes de colores se quedaron jugando en la infancia de aquel primer grado, mundo mágico que siempre he extrañado.
Aunque no lo crean, a él no le afectó el paso del tiempo.
Ahora sus letras se veían minúsculas, presumidas, sorprendidas ante la mirada persistente de mis ojos.
Una efervescente revolución de emociones se entretenían en mi estomago mientras el reencuentro se gestaba en la inquieta distancia de unos pocos pasos.
Esta vez no me conformé con mirarlo como en aquella niñez anclada en los cuentos maravillosos de hadas.
En un intrépido impulso, abrí la puerta y, cuando lo tuve entre mis manos,
sentí cada historia que escondía en sus páginas ese libro mágico que siempre quise tener en los momentos añorados de mi infancia.

DI GIONANTONIO, María Emilia