miércoles, 15 de agosto de 2012

Felicidad Clandestina...


FELICIDAD CLANDESTINA

A las seis de la tarde fui en busca de mi gran tesoro, una pequeña mascota que pensaba comprar para regalar a mi hermanito. Tan decidido estaba a hacerlo que jamás imaginé que sucediera lo que les voy a contar.
Yo, Azucena, de doce años de edad, fui tentada al pasar por una vidriera que estaba a tan solo media cuadra de la veterinaria. Fue una especie de atracción fatal, un amor de esos que fulminan la razón:
Era un libro, si, ví un libro y tuve ansias de tenerlo en mis manos y de disfrutar de su lectura, a pesar de que ni siquiera lo conocía.
El título y la imagen llamaron terriblemente mi atención.
Decidida a tenerlo para mi, entré a esa librería sin dudarlo y lo pedí.
En ese instante sentí que no era niña con su libro, sino que era una mujer con su enamorado.
Di media vuelta y regresé a mi hogar.
Después de dos horas de llegar a casa, mi madre me preguntó:
Azucena, ¿trajiste el cachorrito?
Y yo respondí:
No, un curioso y fugaz deseo del destino quiso que no hermanito no tuviera regalo mañana, pero me dio a mí la hermosa posibilidad de ser feliz clandestinamente con un bello y atrapante libro.
ROJAS, Mónica Evangelina

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