sábado, 25 de agosto de 2012

Revistas Literarias...


Con voz propia…

Julio Bepré, poeta de Córdoba. Reside en la Prov. de Buenos Aires.

DE PRONTO

No, no está obligado a entrar en el estío.
Tampoco volver a su mirada antigua,
y menos negar la nostalgia debida
a ese enigma que aloja
la razón que persistió en los años.

Sí, pero debe insistir y así arribar
al fulgor que guardan los espacios,
aun con ese idioma despojado
que aparece después de un parpadeo.

Pero ¿persiste aquello que realzó la vida
y luego se deshizo en el centro del alma
para sólo dejar las quejas de su rastro?

Impávida se queda la redondez
de tanta lejanía.
Impávido la pide cuando
el asombro tiembla en un mirar
de insoportable olvido.

Un siglo, decenios, un año, esta vida
se ocultaron marchitos
y él quedó en el instante
ignorándolo todo.

Hoy el mar lo embelesa.
El oleaje lo atrae.
Así posible fue vislumbrar lo perdido.

NOTICIAS

Conserva la costumbre de pensar frente al mar
olvidando el corazón opaco de la tierra.

También goza la plácida caída de una lluvia
y cree que no existe otro mar como el que mira.

Se aleja lentamente pero vuelve al sentir
la furia del oleaje contra toscas y arenas.

Recompuesto ante el paso ligero de una brisa,
recibe el milagro de una imprevista calma.

Porque los años se volvieron otros
bajo este azul cenit tan leve como un sueño.

VISLUMBRE

No puede aún discernir con certeza
si esto es realidad o un engaño más
de un pretérito intento.

Ante tantas señales reunidas
y el incesante alboroto del mar
entró en él la imprevista nostalgia
de un feliz encuentro en un abril lejano
y revivió con pena un ruego inmerecido.

Hoy al cruzar un día de marítima calma
y libre ya de toda incógnita agresiva
siente una intacta imagen de los años
e imagina enternecido aquello
como si en ese instante sucediera.

Luego todo fue lleno de mar y sol y cielo
en el gualdo espesor de una mágica tarde
al mirar displicente los efímeros rastros
de titubeantes pasos dispersos por la playa.